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Una política de la autonomía
“La democracia es el peor de los regímenes gobernados por leyes y es el menos malo de los regímenes anómicos” (1)
Resumen: el presente artículo busca mostrar a través de la obra de Cornelius Castoriadis(2) la necesidad de poner en discusión y deliberación los componentes sociales y personales para construir una política de la autonomía que permita al ser humano romper con la heteronomía, la cual es considerada como un indicador de la crisis de occidente.
Palabras claves: autonomía, heteronomía, crisis de occidente, psique, imaginación, política.
I.- Postlacanismo o Freudismo Contemporáneo.
Fernando Urribarri en su artículo Castoriadis, Lacan y el postlacanismo. Notas para historizar el pensamiento psicoanalítico de Castoriadis entrega claras luces sobre la relación que establece el pensador griego con las diversas corrientes psicoanalíticas. En efecto, uno de los puntos en discusión en este artículo radica en la posibilidad de denominar a los pensadores, que a partir de los años 60 rompen con la escuela freudiana de Paris, como post lacanistas o freudistas contemporáneos, entre este grupo se encontraba Cornelius Castoriadis. Pero, la importancia de estos pensadores no radica en su nominación, sino más bien en dilucidar de qué modo ellos renuevan el discurso psicoanalítico a través del establecimiento de la especificidad del psicoanálisis, en cuanto posee un objeto y un método propio de conocimiento, por lo cual, no puede ser reducido a ningún otro ciencia, además de incluir la apropiación crítica del legado de Lacan y la renovación del paradigma freudiano, así como también, la consideración de la praxis psicoanalítica como libertaria y trasformadora.
Es precisamente este modo de entender la praxis psicoanalítica lo que conducirá a Castoriadis a buscar en la cura analítica un proceso de transformación no solo individual, sino también histórico social.
Para poder entender esta mirada trasformadora que ofrece el psicoanálisis desde la perspectiva de Castoriadis, es necesario en primer lugar dar cuenta del estado actual del mundo o de la realidad según el autor, a fin de establecer la profundidad de esta transformación.
Cornelius Castoriadis establece en la mayoría de sus textos que nos enfrentamos a una crisis. Sin embargo, el autor es más específico pues habla propiamente de la crisis de occidente.
II.- Crisis de Occidente.
Hablar de la crisis de occidente consiste en enunciar la crisis de las sociedades occidentales, es decir, de la cultura de occidente, pues Castoriadis cuando nos habla de cultura no piensa en considerar la situación actual como un mero malestar, sino como una real crisis que debe ser superada. Pues si occidente se encuentra en crisis no es, por ejemplo, debido a una estructura que nos sitúa en la dialéctica del siervo y el esclavo, sino más bien, en cuanto en nuestras sociedades se han instituido relaciones de dominio que someten a una parte de la sociedad a la otra, exclusivamente, porque nosotros hemos dejado que esto se establezca y acreciente, al no ejercer un cuestionamiento radical sobre aquello que hemos instaurado. En efecto, es la cultura la que está en crisis.
Pero ¿Qué es cultura?
En el texto “La cultura en una sociedad democrática” Castoridis define el término del siguiente modo. “Llamemos cultura a todo lo que, en el espacio público de una sociedad, trasciende lo puramente funcional o instrumental y presenta una dimensión invisible, o mejor imperceptible, positivamente catectizada por los individuos de tal sociedad. Dicho de otro modo, aquello que, en tal sociedad, se refiere a lo imaginario stricto sensu, a lo imaginario poiético, tal como se encarna en obras y conductas que trascienden lo funcional”(3).
Efectivamente, y siguiendo las palabras del mismo Castoriadis “No puede haber sociedad que no sea algo para sí misma; que no se represente como algo”(4). Por lo tanto, el malestar de occidente radica en que la sociedad se ha presentado o representado a sí misma desde una imaginario que no sólo no se ha renovado, sino más bien se ha anquilozado transformándose en un saber museístico. Occidente no ha generado nuevas significaciones, porque ha dejado de ponerse a sí misma en cuestión.
Para el filósofo griego la acumulación de significaciones es un contrasentido, sin embargo, a lo que apunta cuando habla de crisis no es a un momento de decisión como la etimología del término lo indica, sino más bien a una descomposición, pues no está aludiendo a la paralización de la crítica de los imaginarios sociales instaurados, sino a la pérdida de los imaginarios sociales, porque lo que hemos perdido es nuestra capacidad de creación(5), la cual Castoriadis identifica con la imaginación: “La imaginación no es meramente la capacidad de combinar elementos ya dados para producir otra variante de una forma ya dada, la imaginación es la capacidad de poner nuevas formas…la imaginación es lo que nos permite crearnos un mundo”(6)
III.- Estructura psíquica e imaginación.
Es esta noción de imaginación la que orienta la obra de Castoriadis, pues se relaciona directamente con una nueva mirada de la psique, así como también, sobre el objetivo de la praxis analítica. “La psique es imaginación radical. […] La obra del psicoanálisis es el devenir-autónomo del sujeto en el doble sentido de liberación de su imaginación y de establecimiento de una instancia reflexionante y deliberante que dialoga con esta imaginación y juzga sus productos”(7).
En efecto, la tarea de la analítica es hacer de los seres humanos personas autónomas, en cuanto un ser humano autónomo es aquel que construye sus propias significaciones. Pero sin lugar a dudas esto no es fácil de ejecutar, ya que, la imaginación radical del ser humano es libre, pues no hay leyes que rijan la construcción de este imaginario.
Pareciera que en este punto Castoriadis nos estuviera planteando una tautología, pues por una parte, la psique es imaginación radical, en cuanto, es un flujo incesante de representaciones, de deseos y de afectos, pero por otra parte, esta imaginación radical fuente de creación de significados debe ser dominada y canalizada para la vida en sociedad. Es en este punto donde se juega la ruptura de Castoriadis con otras posiciones psicoanalíticas, pues la instauración de la imaginación lo que desecha es la obligatoridad de la repetición. Pues el ser humano a través de la imaginación se pueda generar un nuevo mundo.
De ahí la importancia de la praxis analítica como método de emancipación de la imaginación radical, y de lo político como instrumento de reflexión del imaginario social instituido, pues sólo por medio de la imaginación es posible salir de la necesidad de repetición y apuntar a la autonomía.
“El psicoanálisis puede y debe brindar una contribución fundamental a la política de la autonomía. Ya que la comprensión de uno mismo constituye una condición necesaria de la autonomía. No se puede conseguir una sociedad autónoma que no se contemple así misma, que no se interrogue sobre sus motivaciones, sus razones para actuar, sus tendencias profundas […] Esto no significa que sea necesario psicoanalizar a todo el mundo. Pero habrá que llevar a cabo, quizás, una reforma radical de la educación”(8) .
En efecto el imaginario social y la imaginación radical singular están siempre operando simultáneamente, pero esta copertenencia no implica la instauración de ningún tipo de supremacía entres estás, pues ambas configuran al ser humano. “El lazo entre la raíz psíquica y la raíz social […] es el proceso de socialización impuesto a la psique, mediante el cual la psique está forzada a aceptar la sociedad y la realidad, mientras que la sociedad vela, con sus limitaciones, por la necesidad primordial de la psique: la necesidad de sentido”(9).
Efectivamente, es esta necesidad de sentido la que impulsa al individuo a participar de las significaciones que ha creado la sociedad a la que pertenece, sin embargo, es en esta participación donde es necesario poner el acento, ya que esta no implica la aceptación irrestricta de lo que la sociedad plantea, sino más bien esta participación incluye el poder instituir nuestro propio imaginario, es decir, poder participar en igualdad de condiciones con quien sea en la formación y aplicación de la ley. Este grupo de significaciones imaginarias son las que se terminan convirtiendo en la mayoría de los casos en un imaginario social instituido, el cual actúa como impedimento para la propia imaginación e imaginario.
“En sus capas más profundas, la psique –el inconsciente- es amoral, pero también asocial y no cósmica. Esto implica también que, en tanto tal, está radicalmente incapacitada para la vida misma. Alcanza a vivir solamente en la medida en que la sociedad y sus instituciones la arrancan violentamente de su propio mundo […] La psique está obligada a abandonar, o, más exactamente, a enterrar, lo que para ella se identifica con el sentido, a cambio de la posibilidad (de la casi necesidad) de interiorizar y de investir lo que la sociedad le ofrece en calidad de sentido: las significaciones imaginarias sociales. Pero esto quiere decir que, a partir de ese momento, la psique está habitada por una negatividad imposible de erradicar contra la sociedad, contra los otros, contra la realidad, incluso contra esa máscara social que le obligaron a adoptar, o sea, contra sí misma como persona social”(10).
Esta ruptura de la mónada psíquica es el primer paso para la instauración de la realidad y con ella todo un magma social de significaciones imaginarias instituidas. Aunque si bien la psique vive este momento desde lo negativo, es decir como represión de la imaginación radical, sólo en la medida que el ser humano integra estas significaciones sociales tiene asegurada la vida.
Sin embargo, esta socialización no puede para Castoriadis terminar en una heterotomía, es decir, en el hecho de pensar y actuar como lo exige la institución y el medio social, ya sea explicíta o tácitamente. Sino que esta socialización debe conducir a un pensamiento y acción reflexivos y deliberantes que cuestionen el imaginario instaurado, pues aquello que se persigue es que la sociedad no rigidice sus instituciones, sino que las modifique desde sus significaciones e instituciones, porque sólo así podrá salir de una heterotomía para entrar en una política de la autonomía.
IV Una política(11) de la autonomía.
En efecto, el ser humano en cuanto psíque es imaginación, y en cuanto ser histórico-social es imaginario. Y en el caso social este es un imaginario instituyente, el cual está animado por un cúmulo de significaciones sociales.
Cuando estas instituciones y significaciones que han sido creadas se cristalizan se transforman en un imaginario social instituido, el cual, se encuentra caracterizado por la heterotomía, lo que se contrapone al carácter autónomo que Castoriadis quiere darle a la dimensión histórico-social del ser humano.
Por esta razón lo político para el autor no consista en la adquisición de una ideología determinada, sino más bien de un tipo de praxis específica, caracterizada como una actividad colectiva reflexiva y deliberante que apunta a la institución global de la sociedad, porque: “La política es un momento y una expresión del proyecto de autonomía: no acepta pasiva y ciegamente lo que está allí, lo que fue instituido, sino que lo vuelve a cuestionar. Y lo que está cuestionado puede ser la ‘Constitución’ o un conjunto de leyes. Pueden ser también las representaciones colectivas dominantes en el mundo, la sociedad, la verdad o los valores. En el segundo caso, el cuestionamiento no es otra cosa que la filosofía en su sentido original. La creación de la política y la creación de la filosofía en tanto que expresiones de un proyecto de autonomía, se producen en forma simultanea”.
De ahí que para Castoriadis la revolución sea la única posibilidad política acorde a la autonomía, ya que, el proyecto emancipatorio es el único que considera a la libertad como actividad y no como un mero derecho nominal, y otorga al pueblo, en cuanto, organización del imaginario instituyente, la creación de su propia historia.
Sin embargo, cuando Castoriadis nos habla de revolución, nos habla más bien en el modo como debería estar comportarse un régimen democrático: “en una democracia, el pueblo es soberano, es decir, es él quien hace las leyes y la ley; es la sociedad la que crea sus instituciones y su institución; la sociedad es autónoma, se autoinstituye”(12)
V Conclusiones
Entonces el malestar de la cultura para Castoridis se presenta como una crisis que puede ser superada a través de la imaginación radical, pues la superación de la que nos habla no intercambia una clase política por otra, ni busca un tipo de ideología política en particular, sino más bien una praxis que busque el cuestionamiento constante de los imaginarios que se han instalado.
Cuando hablo de superación no me refiero a una idea progreso, sino de salida de cualquier tipo de heteronomía, pues Castoridis no considera bajo ningún respecto la historia como progreso, ni concuerda con la idea de causalidad en la historia, pues su perspectiva de la imaginación radical apunta justamente a la ruptura o quiebre con cualquier tipo de heteronomía.
Con Rousseau se establece la idea de sufragio universal, sin embargo, en la actualidad la significación de este imaginario de participación se ha depreciado y la mayoría de los votantes concurren a las urnas pensando que debe cumplir con un deber y no que está ejerciendo un derecho, pues independientemente de por quien votemos el resultado es el mismo modelo de gobierno. Por lo tanto es quizá tiempo de reflexionar y deliberar en torno a esta idea de sufragio universal que desde el inicio de la contemporaneidad parece una valuarte de la democracia, sin embargo, en la actualidad no se vivencia como poder del pueblo, sino como una acción vaciada de sentido. El voto se ha hecho vacuo y en la medida que me representa, yo he perdido sentido.
Pamela Soto García
Doctora© en Filosofía
BIBLIOGRAFIA
Libros
Castoriadis, Cornelius. Sobre el político de Platón, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003.
Castoriadis, Cornelius. El ascenso de la insignificancia, Ed. Frónesis, Valencia, 1998.
Castoriadis, Cornelius. Figuras de lo pensable, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001
Revistas
Urribarri, Fernando. Castoriadis, Lacan y el postlacanismo. Notas para historizar el pensamiento psicoanalítico de Castoriadis, En Revista Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura, Ed. Archipiélago, Barcelona, nº 54.
NOTAS:
(1)Pierre Vidal-Naquet. Presentación, Sobre el político de Platón, Cornelius Castoriadis., Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003, p.9. El individuo anómico se puede definir como aquel que vive en un completo extrañamiento social. Así, extrañado de sí mismo y de los demás, el individuo anómico es un ser abatido que piensa, siente y padece al margen de la sociedad, como un ser aislado y privado de las vivencias sociales más elementales y cotidianas. Cada vez más desmotivado y alienado -por emplear la expresión clásica-, sus capacidades productivas y creativas han sido aplastadas, y su falta de esperanza en encontrar un trabajo a su medida lo dejan fuera de los parámetros estandarizados de pertenencia e integración social
(2)Fernando Urribarri en su artículo Castoriadis, Lacan y el postlacanismo. Notas para historizar el pensamiento psicoanalítico de Castoriadis, En Revista Archipiélago. Cuadernos de Crítica de la Cultura, Ed. Archipiélago, Barcelona, nº 54, p.31-39.
(3)Castoriadis, Cornelius. El ascenso de la insignificancia, Ed. Frónesis, Valencia, 1998, p.194.(En adelante A.I)
(4)A.I. p. 22.
(5)Creación: capacidad de hacer emerger lo que ni está dado ni puede derivarse, combinatoriamente o de cualquier otro modo, a partir de lo dado. Inmediatamente pensamos que esta es la capacidad que corresponde al sentido profundo de los términos imaginación e imaginario, cuando nos desprendemos de sus usos superficiales. A.I, p. 110
(6)A.I, p.110
(7)A.I, p.75.
(8)Castoriadis, Cornelius. Figuras de lo pensable, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001, p.112 (En adelante F.P).
(9)F.P, p.187.
(10)F.P., p.193.
(11)Política es la actividad lúcida y reflexiva que se interroga sobre las instituciones de la sociedad y que, eventualmente, pretende transformarlas. Esto significa que no toma las mismas piezas para combinarlas de otro modo, sino que crea formas institucionales nuevas, lo que equivale a decir: nuevas significaciones. A.I., p. 121.
(12)F.P., p.194
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