Prólogo


"Cientos de cuerpos fueron arrojados sobre las
montañas, lagos y mar de Chile. Un sueño quizás
soñó que habían unas flores, que habían unas
rompientes, un océano subiéndoles salvo desde
sus tumbas en los paisajes. No

Están muertos. Fueron ya dichas las inexistentes
Flores. Fue ya dicha la inexistente mañana"

Raúl Zurita.

Es muy probable que Bajo Mar haya alcanzado un estado ulterior como registro escrito u obra creativa, pues es plausible comprender la esencia de sus líneas, de sus metáforas, de sus guiños autobiográficos y de su sin número de ideas que enarbolan un similar mensaje, leyendo tan sólo retazos, fragmentos, palabras al azar, como cuando hallamos toda la poesía en un solo verso que golpea incesantemente nuestra comprensión, dejando adentro nuestro el residuo de su potencia. Suele ocurrir ello con algunas obras que se hilvanan con madejas que poseen lo que se encuentra debajo de la sangre, aquella inexorable mediación limítrofe, entre la hoja en blanco y el hombre que codo a codo, lucha con la muerte tan sólo para escribir.

La feroz imagen de los cuerpos arrojados hacia el mar en la época de la dictadura, es el troquel indisoluble que se anida con la fuerza de la palabra del hablante poético como hilo temático, la que acomete una ácida mirada a nuestra sociedad develando aquel inevitable despertar con los dientes apretados. De esa forma se erige este libro que viene a ser el cuarto en la creación de un artífice de la palabra: Alejandro Banda. Antes de adentrarme a sus líneas, quisiera brevemente abocetar mi referencia del autor, pues me siento honrado de poder saludar su libro y dichoso de haberlo encontrado merodeando cerca del mar, en la Habana, Cuba. Fue allí,

 

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en tierra libre y amistosa, donde dos hombres se encontraron a través de cierto acento en común, y la misma casualidad siguió fraguando encuentros breves pero repletos de palabras, que hacen posible estas líneas que celebran ser tan sólo uno más de los lectores de Alejandro, pero que agradecen la opción de anticipar con las mismas esta obra y de disfrutar como amigo de su energía, calidez y consecuencia.

Ninguna línea en Bajo Mar significa una apuesta descuidada o una opción al azar, pues el ejercicio del autor es forjar un texto con la fuerte determinación del posicionamiento en que se ubica, bajo el mar. Es por ello que los versos provienen desde las profundidades de las aguas que se hallan inexorablemente a la derecha, desde la mismísima estancia donde yacen los cuerpos de los civilizados que aún claman justicia. La figura del padre, como otro más de los caídos, nunca perderá su presencia en la obra, es aquella la raíz que alimenta con su tierna ausencia a este grueso roble que versifica desde el fondo de las aguas. Cómo no recordar entonces a Jorge Teillier y su Retrato de mi padre, militante comunista, cómo no acordarse del mejor Neruda ante la universalidad que cobra en las últimas líneas la voz de Alejandro y que al parecer Viene a hablar por aquellas bocas muertas, y cómo no recordar a Pablo de Rokha en las preguntas volcánicas, en los enérgicos gemidos que emanan del poeta arrojándolos a la superficie de la marea. Es importante destacar que a pesar de su temática y construcción, esta obra no adolece de tintes panfletarios, ni tampoco de un exceso de yoísmo en el hablante, más bien elude aquellos abismos posibles y sobrepasa en forma y fondo el escaso impacto de lo panfletario y la diletante relación entre el autor y el papel como vertedero de sentimientos.

Hace algún tiempo Vila - Matas pregonó la necesidad de romper las fronteras entre los géneros literarios. Bajo

 

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Mar es un claro ejemplo de ello, pues fulge la ficción narrativa con una prosa descriptivamente lúgubre, un suave y puro lirismo, potentes ideas que abocetan un ensayo junto a la fuerza de diversos acontecimientos que ingresan en la obra, fundiéndose con tintes autobiográficos donde el poeta se presenta en su estado más natural. Esta ruptura limítrofe es además una preciosa metáfora de aquella –para nosotros– imperante necesidad, que debe efectuar el ser humano, rompiendo barreras absurdas y enristrándose en torno al ideario Bolivariano. Esa sensación comunitarista en torno a la hondura del sentido poético se vuelve para Alejandro una forma de comprender la realidad, y desde ella entender a su persona y su destino.

Al culminar la lectura de esta obra descubrimos que sobre la superficie marítima de sus hojas, danzan y pululan diversas verdades por sobre el lecho marítimo. Primeramente se establece la acción del ser humano que tira la cadena a diario, la dura aceptación que somos parte del mismo sistema al cual criticamos, y a través de ese reconocimiento, el hablante poético efectúa una radiografía a la sociedad carcomida que le rodea, dando cuenta de su empobrecimiento y la carencia que posee para saldar las grietas indisolubles con el pasado. Se conjetura muchas veces en torno a la trascendencia de las creaciones artísticas poco comprometidas, y se cuestiona el creciente snobismo que sitúa al arte simplemente como un nimio bien de consumo. Desde aquellas certeras imágenes, el autor intenta corregir una patria donde ninguna dictadura ha acabado pues se yergue un imperio silente sobre nuestras espaldas. Esa corrección cobra una voz de unidad, de pueblo, de lenguas muertas y azuladas que yacen en lo profundo del mar. Es allí donde descubrimos la influencia de las experiencias del poeta en relación a distintos pueblos hermanos, donde aparece la energía cubana, el idealismo venezolano y la fuerza, consecuencia, y natural espiritualidad de nuestros padres Mapuche.

 

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Como los versos de Zurita vaticinan, aquel sueño de flores, de rompientes y océanos salvando a aquellos acaecidos por la dictadura, no es tal. Aquellas muertes no han sido saldadas, nuestro pasado autóctono no ha sido aceptado, nuestra identidad es hoy una insondable mixtura que ensaya día a día su exterminio. Pero Bajo Mar es una obra viva, un texto que supera fronteras y tintinea no una luz de esperanza, sino una luz de comprensión mutua y libertaria. Sólo debemos como atentos lectores, tornar a la derecha y presenciar detenidamente la superficie del mar, lo azulado de las letras y palabras que danzan entre el libro, y desde su fondo, descubrir aquella luz interna que golpeará incesantemente en nuestro interior, permitiendo comprender la potencia de sus versos y agradeciendo los ojos de este poeta libre que nos entrega una humanitaria forma de comprender la realidad de aquellos que fueron arrojados hacia el mar.

 

Guido Arroyo González

 

 

 

 

 

 

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